Archivo mensual: enero 2016

La casa de los Picos

Lamentándonos del patrimonio perdido de la villa de Balmaseda, sobre todo en la década que va de 1965 a 1975, cuando se derribaron edificios emblemáticos de la villa, sobre todo las torres de Ahedo en la calle Correría, el palacio de Léniz, junto al Puente Viejo y la Casa de Sota (Mesón del Marqués) en la calle Martín Mendía, resulta sorprendente el artículo escrito por Juan E. Delmas, autor del libro “Viaje pintoresco por las provincias vascongadas” (1846), en la Revista Bascongada, donde se lamenta de la inminente pérdida del patrimonio del siglo XIII en la villa de Balmaseda, por el derribo de la Casa de los Picos, el que fue Palacio de Juan Ortiz de Valmaseda, situado en la plaza de Los Fueros.

Este edificio, abandonado y casi en ruinas, fue adquirido años después por los Padres Claretianos, convirtiéndolo en el colegio que hemos conocido hasta su desaparición a finales del siglo XX, construyendo en su lugar un edificio de viviendas.

Convento Claretiano de Balmaseda situado en la plaza de Los Fueros.

Convento Claretiano de Balmaseda situado en la plaza de Los Fueros.

Resulta que 150 años después, sin que las instituciones hicieran nada al respecto, se derribaron edificios históricos en la villa de Balmaseda, vestigios de nuestro pasado señorial.

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“Hácia la banda norte, y en el extremo de la calle del Medio de la antigua villa de Balmaseda, formando uno de los lados de la que hoy malamente se llama Plaza de Toros, sin duda para dar gusto á los aficionados á esta clase de espectáculos, y que allá en un tiempo se llamó Plaza del Condestable, se levanta un edificio oscuro por su color, mudo porque nadie le habita, y tristísimo porque en las horas vespertinas revolotean por sus desmoronadas techumbres las lechuzas y los murciélagos. Conócesele ahora con el nombre de la Casa del Carbon ó la Carbonera, que á tan vil destino consintieron sus dueños que se le dedicára: llamósela hasta hace poco tiempo todavía la Casa de los Picos, porque el vulgo así le bautizó á causa de las triangulares almenas que lo coronaban; y allá en mejores tiempos para él y para la villa se le denominaba el palacio de los Condes de Garceiz.

De estos Condes de Garceiz fué ascendiente el ínclito y alto señor Juan Ortiz de Balmaseda, tesorero mayor y privado del rey D. Alonso el Sábio, y, por lo tanto, uno de los personajes históricos que más figuraron en las crónicas coetáneas, y descendiente, segun lo dice su apellido, de los primeros pobladores de la vieja villa que lleva su mismo nombre. Dicho se está que con prosápia tan linajuda y abolengo tan antiguo, con las pingües rentas que le daban sus extensos heredamientos, y por ende con mucho poderío, eran los Ortiz de Balmaseda el brazo fuerte de la tierra, y que donde quiera que descargaban sus golpes resonaba siempre el grito de la victoria.

El apellido de Ortiz de Balmaseda se enlazó con las familias mas ilustres españolas, de tal modo, que hoy mismo le llevan las de más remoto origen, entre ellas la del Conde de Bornos, que es de la rama principal, dueña del palacio que construyó el Juan Ortiz en 1284, y á no dudar el más antiguo de los que ennoblecen su cuna. Y sin embargo de esto, esta familia ha tolerado que el viejo é histórico palacio de Balmaseda, el que fué morada de reyes y magnates y en cuyo anchísimo recinto se desplegó la opulencia más suntuosa, sirviera de depósito de estiércoles y carbones, y fueran hollados los mármoles de su pavimento por los más inmundos animales.

La Casa del Carbon forma un rectángulo casi perfecto de más de diez mil pies de superficie por setenta próximamente de elevacion, en cuyo frente, sobre la Plaza de Toros, y en lo que podremos llamar cuerpo primero, no tiene más que una puerta de arco apuntado con grandes dovelas y tres largas saeteras. El segundo cuerpo, de sillares bien labrados, contrasta á primera vista con la tosca mampostería de que está fabricada toda la obra, realzando este contraste las ventanas góticas que presenta, cuatro de ellas más elevadas con dos columnas y tres claros, y tres más bajas con el mismo número de claros y columnas. El cuerpo tercero ó superior no muestra ninguna abertura; y aunque en sus dos extremos se alzaban dos torres, al mismo andar del muro, coronadas de almenas, hoy solo se conserva una. Es probable que el gran paño de pared que tocaba á las torres en sus dos extremos, estuviera tambien almenado, lo que además de ornamentar perfectamente la fachada, le daría toda la apariencia de un palacio-castillo, carácter peculiar de esta clase de construcciones en aquella época. Cubierto todo él por un miserable tejado que no ha sido reparado en todo lo corriente del siglo, se precipitan las lluvias al magnífico patio. formado de una elegante arquería y de una suntuosa escalera, de las que apenas se conservan mas que raros vestigios.

Toda la obra acusa francamente el siglo XIII, ya por su disposicion general como por sus claros, almenas y otros detalles, aparte de lo que mejor la caracteriza, la clase y fábrica de su tosca mampostería. Pues bien; en medio de esta arquitectura primitiva hay incrustado un cuerpo ó gran faja, que es el segundo, gótico, de bien labrados sillares y de un carácter diametralmente opuesto á ella, que revela el gusto del siglo XV. (Cómo y porque fué intercalado en la imafronte del palacio? El porqué no es fácil explicar, porque lo ignoramos; pero el cómo, fué, aunque algun tanto atrevido, es muy sencillo. Se apuntaló el gran paño corrido del muro superior; se colocaron las hiladas de nuevos sillares abriéndose las ventanas del gusto de la época, y se ligaron el primero y tercer cuerpo viejos con el segundo que se acababa de labrar. Así aparece éste, discrepando en absoluto de la obra antigua y rabiando de hallarse juntos, tanto por la diferencia de sus caractéres cuanto por el color y calidad de fabricaciones.

Esta obra insigne que debiera ser respetada y conservada siquiera por su vetustez y por su historia (porque acaso sea la más antigua que de su clase conserva el Señorío) está á punto de desaparecer de su suelo. Su dueño Actual, el Sr. Conde de Bornos, la acaba de vender por una cantidad tan insignificante, que ni merece la pena de ser mencionada: de manera que la que fué origen, cuna, blason y estirpe del nombre que lleva; el famoso palacio construido en 1204 por Juan Ortiz de Balmaseda, tesorero del rey y su confidente y amigo; el honor de Balmaseda, como donosamente le llama Lope García de Salazar en sus Buenas andanzas é Fortunas, al referir la traidora muerte que le dió su émulo Juan Sanchez de Salcedo en 1320; la morada de reyes y caballeros mas ilustres de su tiempo, no existirá en breve, porque el nuevo propietario, que ni tiene que curarse de blasones, ni de timbres, ni de historia, levantara una manzana de casas sobre el área que aquella ocupaba, logrando quizá pagarla con solo el valor que le produzca la piedra de sus altos y fornidos muros!…

¡Amantes de la historia y de las artes! Los que comprendeis todo el valor que encierran esta clase de monumentos, ¿cómo escuchareis sin dolor que así desaparezcan de la sobrehaz de la tierra? ¿No sería más acertado que ántes de que pasáran á poder de manos especuladoras los adquiriesen los encargados de su custodia, los ayuntamientos, el Estado, ó quien pudiera evitar su demolicion? Nosotros, que cuando de uno de estos sucesos tenemos noticia sentimos herido el corazon por la ingratitud que contra ellos se desata; nosotros; que tanto hemos recomendado la conservacion de los pocos monumentos que de esta clase van quedando ya dentro del pais; nosotros, que hemos demostrado en ocasiones repetidas el interés que ellos ofrecen, así para la historia como para el arte, y que son el vivo testimonio del orígen de aquella acendrada nobleza española que canta la antigua rithma

Oh montaña cantabrána
orígen de caballeros
de dó toda España mána

nosotros suplicaríamos al ayuntamiento de Balmaseda, que, sino puede ya oponerse á la demolicion del vetusto é histórico palacio, lo haga reproducir por medio de la fotografía, y conserve en sus archivos cuidadosamente algunos ejemplares de su estampa, con una noticia del sitio en que se halló emplazado, de su forma y dimensiones, y de todo aquello que pudiera dar á las generaciones venideras exacta cuenta de la que fué morada del honor de Balmaseda, del ilustre caballero Juan Ortiz, que ennobleció el timbre de sus armas colocando sobre ellas una corona condal, ya que seiscientos años despues permitieron sus descendientes que cayeran hechas pedazos, á impulsos de la innoble porra, de los muros en que estuvieron firme y honradamente asentadas.”

Revista Bascongada. Juan E. Delmas (Bilbao, 1820-Madrid, 1892)

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