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Escuela de Comercio de Balmaseda

Escuela fundada en 1892 por D. Martín Mendía y Conde

El 16 de julio del año 1887 se inauguraron las Escuelas Públicas de Balmaseda en la plaza de San Juan por iniciativa de D. Martín Mendía y Conde, como puede verse (actualmente tapado) en la inscripción de la fachada del edificio. Estaba dividida en tres partes, niños (a la derecha), niñas (a la izquierda) y párvulos (en la puerta del centro).  En sus instalaciones se ubicó la Escuela de Comercio de Valmaseda, inaugurada a finales del siglo XIX, en la que se impartían las asignaturas de “matemáticas, dibujo, geografía y contabilidad”.

Escuelas Públicas de la plaza de San Juan

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Real Sociedad Geográfica

En el Boletín de la Real Sociedad Geográfica. Tomo L (julio 1908) aparece una nota a pie de página que habla de la función que desarrollaba esta Escuela de Comercio y el servicio que daba en la villa de Balmaseda.

“Según informes que tuvo la bondad de comunicarme el Excmo. Sr. don Antonio García Alix, existe en España, en Valmaseda (Vizcaya), una Escuela de Comercio en la que se procura que los alumnos adquieran con la mayor extensión posible los conocimientos geográficos referentes a los países americanos en que suelen establecerse muchos de los jóvenes de aquella provincia. Es la Escuela fundada en 1892 por D. Martín Mendía y Conde, natural y vecino de Valmaseda. El Sr. D. Pío Garagorri, Alcalde de dicha villa, a quien me dirigí en demanda de antecedentes precisos, se ha servido enviarme nota detallada de la organización y del plan de enseñanza de la Escuela. En efecto, se concede en ella tal importancia a la Geografía, que esta asignatura se cursa en los seis semestres en que se dividen los estudios. Varios de los alumnos que los han terminado desempeñan cargos más o menos importantes en casas de comercio de México, Orizaba, Guaymas, Buenos Aires, Hunín, Villa Constitución, Ramos, Montevideo, Santiago de Chile, Habana, Cárdenas, Matanzas y otras poblaciones de América.”

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Balmaseda hace un siglo. Crónicas del semanario El Cadagua

El profesor de esta Escuela de Comercio de Balmaseda era Enrique Hurtebise, como puede verse en la fotografía junto a sus alumnos de comienzos del siglo XX. En nuestro libro, presentado el 24 de noviembre, titulado “Balmaseda hace un siglo. Crónicas del semanario El Cadagua“, el capítulo IX – De la Emigración comienza con estas palabras:

Alumnos de la Escuela de Comercio de Valmaseda con su profesor Enrique Hurtebise

En la Valmaseda de principios de siglo se respiran aires frescos de emigración. No es desde luego la emigración un fenómeno exclusivo del lugar, ni siquiera se da aquí con mayor intensidad que en otras partes de la costa cantábrica. Pero es sin duda un fenómeno extendido y del que nadie apenas se puede sustraer. ¿Quién no ha soñado alguna vez, a la vista de las noticias e informaciones que de tierras lejanas llegaban, en emprender un largo viaje rumbo a aquéllas para regresar al cabo de una porción de años a la tierra madre tras haber amasado una notable fortuna? ¿Quién no tiene algún familiar, amigo o conocido que, atrevido o desesperado, se ha embarcado ya con destino a aquellas tierras para “hacer las Américas”? ¿Quién al abrir el periódico no deja vagar su imaginación ante las noticias deslumbrantes de los españoles que regresan a sus casas repletos de éxito y de plata, de los llamados “indianos”, cuyas apabullantes mansiones llenan zonas concretas de nuestra geografía? ¿Quién, en fin, puede evitar lanzar un profundo suspiro al ver en esos mismos periódicos los atractivos anuncios de las grandes compañías trasatlánticas ofreciendo sus servicios de transporte allende los océanos y que resultan accesibles a toda clase de bolsillos?.
Sí; basta abrir las páginas del semanario valmasedano El Cadagua para toparse de frente con algunos de estos llamativos anuncios, en los que el precio del pasaje en tercera clase a Buenos Aires, por ejemplo, es de cien pesetas. Tal es el caso de la Compañía Hamburguesa Sud-Americana, que anuncia servicios fijos mensuales directos y sin escalas intermedias entre Bilbao y los puertos americanos…”.

Continúa en otro apartado del libro “Balmaseda hace un siglo. Crónicas del semanario El Cadagua“, hablando de la Escuela de Comercio, en el capítulo VI – De música: “Un poco antes, el 22 de marzo , recién estrenada la Primavera y bajo un sol que se hacía notar, se celebra la “Fiesta del Árbol”, que se ha venido preparando con toda intensidad y a la que asisten más de mil personas. A las tres y cuarto, se formaron en dos filas los niños de las escuelas de primera enseñanza y de la de Comercio, bajo la dirección de sus dignos profesores D. Víctor Agustino, D. Proto González y D. Enrique Hurtebise y acompañados aquéllos de la brillante Banda Municipal, cantaron muy afinadamente el Himno expresamente escrito para la Fiesta por el Director del semanario El Cadagua, D. Jesús Cadenas (…) cuya bonita y delicada música es original del Sr. Director de la Banda D. Alfonso Martínez Rico.” (El Cadagua, Núm. 31, de 27 de marzo de 1909).

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Hemeroteca de Harresi Kulturala

En otro artículo ya hablamos de la “Fiesta del Árbol” que se celebró en Balmaseda dos años antes, en 1907, que puedes consultar en el siguiente ENLACE   En aquella ocasión estuvo marcada por un fuerte carácter político. Se plantó un retoño del Árbol de Guernica/Gernika en la plaza de Los Fueros al finalizar la misa solemne. “Las Elecciones generales de España de 1907 fueron convocadas el 21 de abril, tras la crisis del gobierno liberal por la dimisión de Eugenio Montero Ríos debido a los incidentes que se sucedieron tras el asalto a la revista ¡Cu-Cut! en 1905… Las elecciones se celebraron bajo sufragio universal masculino. Como novedad, estos comicios se celebraron bajo una nueva ley electoral que se había aprobado ese año y que modificaba parcialmente la anteriormente vigente desde 1890…” (Wikipedia)

En el diario “El Defensor de Córdoba” aparece la siguiente noticia referente a la celebración de la “Fiesta del Árbol” en Balmaseda:
Bilbao.- En Valmaseda se celebró la fiesta del árbol con asistencia de los alcaldes de los pueblos inmediatos. Las poblaciones estaban engalanadas con banderas. Se dieron muchos vivas. Comenzó el acto con una misa solemne. El presidente de la Diputación plantó un retoño del Árbol de Guernica. Se pronunciaron discursos en honor a la Patria chica por el presidente de la Diputación y los alcaldes. Después se celebró un banquete en el que se pronunciaron entusiastas brindis. Los niños de las escuelas plantaron cien arbolitos.” (jueves 2 de abril de 1909)

En el periódico “Heraldo Alavés” amplían esta noticia:
BILBAO.  Festival.- Noticias de Valmaseda.- Un retoño del árbol de Guernica.- Banquete.- Otras noticias.
En este momento se está celebrando el festival anunciado, en el Centro Vasco (Batzoki)Asiste mucha gente. Hay sport vasco (deporte rural) y función teatral. A las nueve de la mañana ha marchado a Valmaseda la comisión de la Diputación de Vizcaya para asistir al acto solemne de la plantación de un retoño del árbol de Guernica en la plaza de los Fueros. Según noticias que se reciben de aquella villa, el acto ha revestido gran explendor.
Los músicos ejecutaron el himno santo de Vasconia y se dieron entusiastas vivas. Después de la plantación se ha celebrado un banquete en las Escuelas. Reina mucha animación.” (jueves 2 de abril de 1909)

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50 aniversario del Grupo de Danzas Irrintzi

15 de junio de 1967, “Irrintzi”, algo más que un grupo de danzas

El día del Corpus, de 1967, debuta en La Campa (Erandio) el grupo de danzas “Irrintzi”. En otoño de 1966, en plena época franquista, un grupo de jóvenes balmasedanos -chicos y chicas- se juntan para intentar hacer algo beneficioso para su pueblo, en particular, y para la libertad de la que se carecía en general. Era una nueva generación de balmasedanos y balmasedanas que rondaban los 20 años. Habían nacido en la posguerra ya avanzada, finales de los 40 e inicios de los 50 del siglo XX. No habían vivido ni sufrido la guerra directamente, aunque sí sus secuelas. Y todavía detectaban el miedo y la preocupación que sus padres tenían.

No eran aquellos años 60, del siglo XX, buenos para la libertad. Pero sí eran buenos para las ansias de libertad de una juventud que estalla al ver a sus padres sumidos en el silencio y en la pena por una guerra pedida -y la guerra la pierden casi todos- que les había acarreado muchos sufrimientos. Entonces surge Irrintzi, un grupo de danzas, también “Itzartu”,  una revista semiclandestina hecha a multicopista, cuando no había ordenadores.

Grupo Irrintzi  - 0000.jpg

 

 


“Irrintzi”

En el número 3 de “Itzartu”, segunda época, octubre-noviembre de 1978, más de diez años después de su creación, se escribe el siguiente texto.

IRRINTZI” Algo más que un grupo de danzas

Grupo Irrintzi - 0029Hablar de “Irrintzi” nos resulta difícil. Y nuestra objetividad ante aquellas páginas de la reciente historia balmasedana, tan cerca aún pero tan lejos. Y nuestros recuerdos se agolpan en su historia, porque marcó un momento importante -triste o glorioso, qué más da- de nuestra propia vida.

Entonces ser vasco era algo más que una fecha y un lugar de nacimiento en el carnet de identidad. Entonces sentirse vasco era algo más que un número, un carnet y una fotografía. Era -casi- algo más limpio, más bonito y difícil. Y el folklore abría las puertas a toda aquella vitalidad, a todo aquel empuje contenido que estallaba con fuerza a finales de la década de los sesenta. Los largos caminos de pasillos y ventanillas para pedir todos los permisos imaginables. Las Fiestas Vascas suspendidas a golpe de pluma, como ahora se suspende una Marcha “inconveniente” o se prohíbe una Manifestación molesta.

Grupo Irrintzi  - 0003.jpgY entonces surge Irrintzi, como un grito violento nacido de la entraña de su pueblo, como un relevo que recogía la antorcha de los que antes habían ido abriendo brecha. Y su grito se fue extendiendo por los caminos de la represión, la cárcel y el exilio. En tantos y tantos grupos entre los que nació y con lo que creció nuestro Irrintzi, se fueron forjando combatientes de ayer y hoy, y sus ezpatadanzas y zortzikos fueron dejando el hueco de los que se entregaron a la lucha por un pueblo, por un mundo mejor, desde la silla confortable de un líder de partido hasta la sangre derramada en la soledad de la Muga. Irrintzi pagó también su tributo. Y, en su corta historia de lucha, cuando en un pequeño local encima de las fuentes (actualmente ocupado por Zubi-Zarra) se creó un grupo parroquial, Juventud O.A.R., al amparo oficioso de la iglesia. En una primera asamblea que acogió a casi un centenar de jóvenes, se nombró una Junta Directiva y se organizó un pequeño bar, para conseguir los fondos necesarios con que cubrir tantas actividades como la ilusión que todos poníamos en el empeño pudiésemos acaparar. Se organizó una pequeña biblioteca, se trajeron grupos de teatro, conferenciantes; se organizaron las primeras clases de euskera, pero, sobre todo, sirvió como lugar de reunión y de encuentro. Porque en aquella época había pocos cauces de expresión y peores medios de reunión.

Por eso, pronto, dos actividades importantes se fueron separando
y siguiendo cada una su propio camino. Una más callada,
Itzartu, subvencionada y mantenida con las
aportaciones de sus lectores. Y otra más a la cara,
más arriesgada, tan fuerte como su grito: Irrintzi

Grupo Irrintzi  - 0018.jpgLos ensayos del grupo comienzan enseguida. Primero en el propio local, después en la vieja iglesia de San Juan. De Bilbao vienen una vez a la semana profesor y txistulari. Entonces bastaba con un escote para pagarles el tren, o la gasolina, o la merienda. Y todos los fines de semana aquí. Un día o un par de días de entre semana el grupo era dirigido por dos antiguos dantzaris de Balmaseda. Entonces bailar -distinto a lo que ahora puede ser aprender euskara o acudir a un mitin- era algo más, algo distinto a una obligación impuesta. Era simplemente una forma de sentir, una forma de ser, y, también, era una forma de hacer política, a veces la única que se podía. Por eso quien se plantease únicamente el perfeccionismo estético, el preciosismo de la danza, el arte por el arte, tenían un lugar, sí, en el grupo de Danzas, pero no en ese “algo más” que siempre fue Irrintzi en sus tres primeros años.

Grupo Irrintzi  - 0026.jpgPor fin el tan esperado debut, en junio de 1967 en la Campa de Erandio, el día del Corpus. Había que buscar un nombre. Leyendo la historia vasca teníamos nuestro árbol gordo. “Zugatz-Lodia” fue el nombre con el que el grupo hizo su presentación. Pero había algo más en el grupo y -porqué no- un poco de rabia sorda por el desplazamiento que los vascos de lengua hacían a los encartados. Y nuestro grito se lanza y comienza a recorrer los pueblos de Vizcaya y Euskadi. Irrintzi era ya, desde entonces, como un símbolo, como un grito lanzado en la cumbre del Kolitza y recogido por Euskadi. Alguien con quien contar y –sobre todo-, que contaba.

El día de San Severino de aquel año, 1967, Irrintzi, arriesgando
todo y ofreciendo todo, organiza en la plaza
de Balmaseda el primer alarde de Danzas Bascas

Grupo Irrintzi  - 0027.jpgAcudieron varios grupos. Nadie o muy pocos sabían quién y cómo, pero los balmasedanos se asomaron a las ventanas, cuando, de mañana, la banda de dulzaineros recorrió las calles del pueblo. Y en muchos ojos asomaron las lágrimas. De poco, de muy poco nos sirve recordar aquellas lágrimas y detenerse un poco más los dulzaineros bajo aquellas ventanas o frente a aquellas personas, si no fuera por el homenaje que entonces Irrintzi y ahora Itzartu quiere volver a rendir a los que después murieron sin verlo. Porque cuando a las doce del mediodía, en plena actuación de los dantzaris la banda de música comenzó su concierto, los dantzaris pararon, y una actitud firme, en medio de un clima de tensión y miedo, comenzaron a entornar el “Eusko Gudariak gera…”. Sus voces eran acompañadas por las bandas de txitularis y los silbidos en contra de la banda de música y su director. Esta vez el pueblo allí congregado, opinaba. Y su opinión había quedado muy clara. A los pocos minutos la banda calló, recogió sus instrumentos y se reanudó el Alarde de Dantzaris.

Grupo Irrintzi  - 0014.jpgPero Irrintzi no se detuvo tampoco en sus bailes y en sus participaciones a lo largo y ancho de Vizcaya. Contribuyó también a ayudar, cuando no a poner en marcha, otros grupos de danzas. Colaboración con el grupo “Ibailorak” de Zalla, creación de los grupos de danzas de Sodupe, de La Quadra, de Sopuerta… Más de una vez, tras el ensayo, tuvieron que volver andando, para después salir despedidos o desplazados, una vez que lo más difícil de esos grupos –ayudarles y encarrilarles- ya estaba hecho. El pago dolía, pero importaba poco. Era un eslabón más de la vitalidad de Irrintzi, cuando todavía seguía siendo algo más que un grupo de dantzaris.

En los sucesivos Alardes en los que participaba, su presencia no se limitaba a bailar, recoger el trofeo y el premio y marcharse. Las Fiestas Vascas a las que acudía y en las que dejaba sus danzas, contaban después con la presencia y animación de todo el grupo. Por eso el nombre de Irrintzi fue reconocido, querido y admirado en todos los lugares donde su nombre figuraba.

En diciembre de 1968 no termina simplemente un año más. Se cierra
una primera época gloriosa de Irrintzi y se abre el largo tiempo del
pago del tributo que también el Irrintzi tuvo que rendir

Txomin Etxebarria Mirones


FOTOGRAFÍAS

Alarde en la Plaza de San Juan. Balmaseda

Grupo Irrintzi  - 0008.jpg


 

Otros alardes de danzas


 

Grupo de Danzas “Irrintzi” de Balmaseda


 

Las fotografías de este reportage han sido cedidas por Txomin Etxebarría Mirones, la familia Monasterio y otros balmasedanos que participaron en el Grupo de Danzas “Irrintzi” en los años finales de la década de los 60.


 

gestion 10. faldon

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